Me siento sola: Cómo aprender a manejar y entender la soledad

mayo 01, 2016



Nuestras vidas son viajes que nos llevan por caminos que no podemos imaginar. Ojalá no pasara, pero a veces nos toca hacer parte de ese viaje solos, porque nos quedamos sin amigos, sin pareja o incluso sin familia. Hay muchas personas solas.

Hoy me gustaría hablar de la soledad porque es una de las razones que lleva a algunos a buscar pareja. Es normal que no nos guste estar solos y que prefiramos vivir en compañía. Pero cuando lo que nos impulsa a buscar esa compañía es una huida, puede que nos lancemos a los primeros brazos que aparezcan. Y eso siempre es una mala idea.



Hoy te propongo hablar y pensar sobre la soledad, para no tenerle miedo, entenderla y aprender a manejarla. Lo hago desde mi experiencia de haber superado el temor a la soledad, gracias a distintas modalidades de desarrollo personal.


A lo mejor no necesitamos aspirar a “encontrar compañía en nosotros mismos”, como dijo el escritor, y es suficiente aprender a vivir la soledad con serenidad.

Los riesgos reales de estar solo

Hay tres buenas razones para no dejar que una situación de aislamiento se prolongue demasiado tiempo:

Tener una vida mejor

El problema de la soledad real es que nos falta esa red de apoyo, tanto material como afectiva, que necesitamos, como seres sociales que somos.
Esa red de relaciones apuntala nuestras vidas y las hace más llevaderas. Seguro que conoces casos de personas que, gracias al apoyo económico y afectivo de su gente, han podido salvar situaciones difíciles de pérdida de empleo, de su vivienda y de todos sus recursos.
“La desgracia compartida, es menos sentida”, reza el dicho.

Vivir de acuerdo a nuestra naturaleza

Somos animales sociales. Esa es nuestra naturaleza.
Hay otros animales de vida solitaria, como el tigre: vive solo, y sólo está con otros miembros de su especie para reproducirse; luego regresa a su vida solitaria. Nosotros somos una clase de animal bien distinta. Estamos “diseñados” para la vida compartida, en conexión con otras personas.


soledad
Y por eso, las situaciones de aislamiento nos afectan: son una anomalía para nosotros. Si se prolongan demasiado o no les ponemos remedio, la soledad nos llega a causar malestar psicológico.

Tener una mejor salud

Muchos hablan ya de la soledad de nuestras sociedades actuales. Incluso algunos expertos creen que es una nueva epidemia social como son la obesidad o a la depresión.
Una investigación que se publicó el año pasado dice que la soledad es tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarrillos cada día o sufrir alcoholismo. ¿No te parece increíble cómo el bienestar psicológico influye sobre nuestra salud total?

Desarrollar una red de relaciones

¿Qué podemos hacer cuando no tenemos a nadie con quien hablar, con quien compartir tiempo libro, con quien salir? Podemos desearlo intensamente, pero eso no es suficiente. Hay que ponerse en marcha.
¿Has oído alguna vez esa expresión de “cultivar las relaciones”? Nos relacionamos con otros de forma tan instintiva que casi nos olvidamos de que las relaciones “se hacen”, no llegan solas.
Cuando nos hemos quedado solos, nos toca volver a construir nuestro círculo de relaciones, tal vez desde cero.

¿Cómo volver a construir ese red de afectos y de intercambios?

1. Sin prisas

Lanzarse a los brazos de la primera persona que pasa nos pone en riesgo de intimar con alguien a quien no conocemos bien; y entonces puede que nos encontremos con la desagradable sorpresa de que la relación no funciona tan bien como pensábamos.
Eso también se aplica a las relaciones de amistad. Toda relación humana tiene un tempo, un ritmo: se va desarrollando de forma progresiva.
P
rimero tenemos que compartir tiempo y experiencias para conocernos, y luego poco a poco se dan la intimidad, y se desarrollan la confianza y el afecto.
Para evitar malas experiencias es mejor no quemar etapas, entregando nuestra confianza antes de tiempo.

2. Sin cerrarse en uno mismo

A veces ocurre. Hemos tenido una mala experiencia, o nos sentimos vulnerables, inseguros. Y nos quedamos entre cuatro paredes porque es ahí donde sabemos que no pasará nada.
Y efectivamente, nada pasa. Ni nadie.


Para hacer crecer nuestra red, tenemos que ir adonde están las otras personas. Y no sólo eso: debemos ir con una actitud abierta, con ganas de estar en compañía de otras personas y de relacionarnos con ellas.

3. Con valentía

Es verdad, a veces, la vida nos pone a prueba. No es fácil ir uno solo a encuentros con personas que no conoce, para hacer actividades o nuevos amigos. Es la verdad. Pero eso no quiere decir que sea imposible.
O a veces te puedes ver obligado a hacer actividades por tu cuenta porque no tienes a nadie con quien hacerlas.
Tal vez te has mudado de ciudad o de país. O has roto una relación y perdiste el contacto con tus amigos. Y estás solo pero querrías salir de casa para ver una película o comer a un restaurante.
Según el país o el lugar donde vivas, que una persona salga sola se ve con mayor o menor aceptación.


La cultura latina tolera mal la soledad, nos gusta muy poco estar solos. En cambio, si te fijas en la cultura anglosajona, se ve con buenos ojos hacer cosas en solitario y son muchas las personas que están más que acostumbradas a actividades en solitario, como viajar, ir al cine, a restaurantes… Y no les pasa nada.


Soledad
Siempre debemos valorar nuestro entorno, y ver si salir solos puede ponernos en riesgo. Pero eso no es lo habitual. Lo habitual es que nuestro miedo tenga más relación con lo que puedan pensar de nosotros que con una amenaza real.

4. Con inteligencia

Podemos aprender a sacarle partido a los pequeños momentos y encuentros fugaces con otras personas.


El trato o la conversación con la persona que nos vende el pan, nos sirve el café, con las personas desconocidas con las que a veces cambiamos unas palabras, son pequeñas pinceladas de compañía que pueden ayudar a mitigar la soledad.


También podemos compartir la presencia de otras personas en silencio, sin llegar siquiera a hablar con ellas. Sentarse en un parque un domingo, en un día soleado, cuando toda la ciudad ha acudido allí a disfrutar el buen tiempo, es una forma muy hermosa de sentirse parte de la familia humana, sintiéndose un miembro valioso de una comunidad de iguales.


Cuando somos capaces de sentirnos así, como una persona valiosa que por circunstancias vitales, está viviendo un momento con pocas relaciones, no culpamos a los otros de nuestra soledad, ni pretendemos que arreglen nuestra situación.


Entonces es cuando podemos dejar que las relaciones se desarrollen a su ritmo. Nos sentimos solos, pero conectados, y en la confianza de que pronto iremos haciendo nuevas amistades y cultivando relaciones importantes para nosotros, hasta que estemos cada vez menos solos. Este tipo de soledad no causa sufrimiento. Tal vez sintamos que nos falta algo importante, pero eso no llega a provocarnos dolor.

Cuando la soledad sí es igual a sufrimiento

Soledad y sufrimiento no tienen por qué ir de la mano. Pero para algunas personas sí son sinónimos. ¿Por qué ocurre eso?
Puede existir una situación real de soledad. Pero tal vez eso nos despierta sentimientos dolorosos, nos abre antiguas heridas.
Tal vez te sientes abandonado. O crees que no le importas a nadie, que nadie te quiere. O te sientes desvalida, con la sensación de ser incapaz de afrontar lo que la vida te vaya trayendo.

¿Qué podemos hacer cuando la soledad duele de una forma especial?

Serenarse

No es el fin del mundo, aunque nos lo pueda parecer. Es solo un momento de nuestras vidas, y como todos, pasará. Respiremos con tranquilidad y tratemos de conectar con lo que sentimos.


Soledad

Averiguar qué sentimos

A veces no somos capaces de conectar con nuestras emociones, para tratar de entenderlas, porque nos resultan abrumadoras. En ese caso, el acompañamiento de un psicólogo puede ser la respuesta. Un profesional puede ayudarnos a identificar qué sentimos (abandono, desesperación, falta de confianza…), y enseñarnos formas de gestionar esos sentimientos.

Si el tiempo pasa y tu estado de ánimo no remonta, recurre a un médico

Pedir ayuda cuando no podemos encontrar la respuesta por nosotros mismos, es lo más inteligente, una señal de amor por uno mismo y la solución más probable a ese sufrimiento. En ocasiones, puede que se trate un pequeño desajuste de salud que puede solucionarse con facilidad, pero que se intensifica si no podemos encontrar consuelo en otras personas.


Ya para acabar, insistir en que el miedo a la soledad es superable. Yo era de esas personas que dormía con la luz encendida, para quien un fin de semana sin planes era un verdadero desastre, que consideraba que estar sin pareja era una catástrofe.


Con el tiempo, algo de esfuerzo y distintas técnicas de crecimiento personal y meditación no sólo he superado el miedo a la soledad, sino que he pasado, se podría decir, al extremo contrario: mudarme sola al extranjero, ir al cine, a restaurantes, viajar… Y la sensación de libertad es tan dulce, que uno se arrepiente de no haberlo hecho antes.


La paradoja es que es entonces, cuando te atreves a vivir tu vida de forma independiente y libre de miedos, es cuando más crece tu red con nuevas relaciones.





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